Salió el sol. Toda buena historia debió empezar así, aunque imagino que el comienzo de una mala historia no debe variar demasiado. El ciclo solar me esperanza y desesperanza a la vez, aunque sí es verdad que en medio del mar el sol es un amigo. Suyo es el único ‘buenos días’ que recibo; sin saber nunca si los días van a ser buenos o malos. Sin importar si su noche fue buena o mala. Sin importar realmente nada.
Miro al cielo y casi puedo encontrar tranquilidad de no ser por los satélites que, muy a lo alto, cada cinco horas, hacen su ronda para tener controlado todo metro cuadrado que existe en sus países ‘desarrollados’. El humano ha acabado destruyendo la intimidad. En cierto modo me alegra pensar que eso no siempre fue así. La alegría se torna en rabia cuanto más pienso en ello. Me calmo, merezco descansar. Al fin y al cabo, ya no tengo nada que esconder.