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miércoles, 6 de agosto de 2014

Otro viejo en el mar – Capítulo 2

Salió el sol. Toda buena historia debió empezar así, aunque imagino que el comienzo de una mala historia no debe variar demasiado. El ciclo solar me esperanza y desesperanza a la vez, aunque sí es verdad que en medio del mar el sol es un amigo. Suyo es el único ‘buenos días’ que recibo; sin saber nunca si los días van a ser buenos o malos. Sin importar si su noche fue buena o mala. Sin importar realmente nada.

Miro al cielo y casi puedo encontrar tranquilidad de no ser por los satélites que, muy a lo alto, cada cinco horas, hacen su ronda para tener controlado todo metro cuadrado que existe en sus países ‘desarrollados’. El humano ha acabado destruyendo la intimidad. En cierto modo me alegra pensar que eso no siempre fue así. La alegría se torna en rabia cuanto más pienso en ello. Me calmo, merezco descansar. Al fin y al cabo, ya no tengo nada que esconder.

martes, 29 de julio de 2014

Otro viejo en el mar - Capítulo 1

En esta barcaza rodeada de agua cristalina mi vida no parece tan complicada. Ni tan interesante. Con el reflejo del horizonte en el fondo de mis pupilas el sufrimiento físico, y el otro, el que más tarda en cicatrizar, el emocional, toman una relevancia insignificante en mi destino como ser humano. Como si nada de lo que he visto a lo largo de estos dos tercios de siglo fuese realidad. Como si en un abrir y cerrar de ojos el cielo pudiera merendarse al mar y decir, de forma súbita y tajante: “Ya he tenido suficiente”. 

Pero el cielo sigue callado. La tarde avanza y el sol amenaza con esconderse entre las montañas que se erigen como guardianas de la tierra. Nos hemos acostumbrado a dormir sin más, tomando el ciclo solar con tal naturalidad que nunca pensamos en su lógico final. Pero todo se acaba. A veces me gusta pensar en que quizá no vuelva a amanecer. Otras, la simple idea de agradarme tal pensamiento me crea temor hacia mí mismo. Por suerte, mañana volverá a salir el sol.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Atrapaos en la tormenta

El desfase horario propio del verano me hace contar un domingo lo que me pasó el miércoles. Si bien es verdad que lo que me pasó el miércoles es propio de un sábado. Teniendo en cuenta que todas las excusas lecturas que tendrá esta historia serán un lunes, la paradoja del descuadre horario en el que vivo se acentúa y septiembre se estrella ante mis párpados. Se está acabando eso de vivir entre el balón de fútbol, el alcohol y el frenadol. O no.

viernes, 16 de agosto de 2013

Extracto de "Por quién doblan las campanas"

Conversación entre un joven extranjero y un anciano español, luchadores por la República en la Guerra Civil, extraída del libro 'Por quién doblan las campanas', de Hemingway:

"-Y vamos a ganar
- Tenemos que ganar
- Sí, y cuando hayamos ganado, tiene usted que venir conmigo de caza
-¿Qué clase de caza?
- Osos, ciervos, jabalíes.
- ¿Le gusta cazar?
- Si, hombre, me gusta más que nada. Todos cazamos en mi pueblo. ¿No le gusta a usted la caza?
- No. No me gusta matar animales.
- A mí me pasa lo contrario: no me gusta matar hombres.

- A nadie le gusta, salvo a los que están mal de la cabeza: pero no tengo nada en contra cuando es necesario. Cuando es por la causa.

martes, 11 de junio de 2013

Un periolisto en Vila-real

Esta vez mi historia en Vila-real no empezó el  sábado. Veo muy feo reducir la experiencia a solo un día. Esta historia empezó, si me apuran, el domingo anterior. El Almería venía de ganar en casa al Girona con un gol de Charles en los últimos minutos. Yo tenía examen al día siguiente. Pero eso no me impediría ver el partido acompañado de mi kalimotxo, elaborado con productos comprados en el Eroski. Porque -aunque alguna vez me han dicho que recién pelao parezco de ETA- yo no soy de Euskadi, pero casi. 

Como iba diciendo, el Almería ganó 2-1. Lo que significaba la final de Villarreal: ir a ganar, etc, etc. Entonces recién acabado el partido se me pasó por mi cabeza de dimensiones considerables (supongo que por mi gran cerebro) que ¿por qué no viajar a Vila-real?  En una hora ya había confirmado mi presencia. Aproveché la euforia del momento para hacerlo, porque sabía que si esperaba al día siguiente quizá mi decisión no hubiese sido la misma. Quizá hubiesen pesado más los 1.500 km que las ganas de ver a tu equipo ascender. De hecho, estuve a punto de echarme atrás. Entonces un amigo apareció para decirme "¿cómo no vas a ir? Si no vas y asciende te vas a arrepentir toda tu vida."  Y yo ya me arrepiento de no haber hecho bastantes cosas en mi vida. Ver al Almería ascender ante el Villarreal no iba a ser una de ellas.